Hasta siempre, compañera.

 

Hoy estamos de duelo.

Beatriz ya no está con nosotros.

Maestra, amiga, compañera, madre, comprometida, solidaria, competente, coherente, cariñosa, empática, divertida, científica... ¡y tantas otras cosas!

Desde aquí decirte, estés donde estés, que te hemos echado mucho de menos y que siempre estarás en nuestros corazones y en el alma de esta comunidad educativa a la que tanto has aportado y por la que tanto has trabajado.

Tus chicos y chicas llevan tu esencia, sus familiares tu escucha activa y tus compañeros la suerte de haber podido trabajar contigo.

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Comentarios

¡Que suerte haberte conocido!

Imagen de LaurayJana

Es curioso.  Cuando tenía 12 años fuiste mi profesora de prácticas. Por supuesto, tuve más profesores, pero sólo te recordaba a tí. Venías en bici al colegio y algo tuviste que darme para que, pasados los años, te viera por la calle y te reconociera.

Muchos años después la vida nos volvió a juntar. Esta vez, ibas a ser la profesora de mi hija. En principio, me gustaba la idea porque iba a ir con alguien conocido que le haría más fácil su cambio de colegio.

Pero todo fue mucho más allá.

La introdujiste en clase y le enseñaste cómo son los buenos profesores. Aprendió el temario del curso, pero sobre todo, participó del respeto de la clase, del cariño que les dabas, de la unión con sus compañeros. Les hiciste sentirse valiosos, queridos, respetados, únicos, saberse buenas personas.

Y eso me hizo saber a mí por qué eres la única profesora de prácticas que he recordado todo este tiempo.

MUCHAS GRACIAS BEATRIZ.

Un beso allá dónde estés. 

Marisa

Gracias

Imagen de LaurayJana

Siento no poder acudir esta tarde para acompañaros en esta despedida, pero si querría compartir dos recuerdos que tengo.

Siendo Beatriz tutora de mi hija, tuvimos la primera reunión  con todos los padres de la clase y después de las presentaciones nos planteo  como queríamos que fuera el profesor de nuestros hijos. Sorprendidos, estuvimos debatiendo,  sintiéndome involucrando en la escuela  y sintiendo que todos caminábamos hacia el mismo lugar.

Y mi otro recuerdo era cada mañana a las 9, esperando con mis hijas a que entraran a clase, con sueño, a veces frio. Y  Beatriz salía  cada día y bajaba corriendo las escaleras con una gran sonrisa hacia su grupo de alumnos, mostrando un espíritu que parecía decirles: hoy va a ser un día estupendo para aprender. Y así lo sintió mi hija todo el año.

Gracias.

 

Esteban.